WR276

por Ernesto W. Monserratte.

A través de las ánimas

El día había comenzado de manera similar a los que hemos tenido cuando un viaje se nos viene de frente: los horarios no se cumplen y siempre terminamos olvidando algo.

En el camino empecé a disfrutar del paisaje y sus sorpresas, molesto únicamente por los innumerables espejos sobre la carretera que produce la complicidad entre el sol y los arrozales. Extensos campos de brillante verdura, manchados ocasionalmente por uno que otro tractor o árbol con sus tonos más oscuros. Puentes cruzando anchos ríos, colgantes unos, de menor belleza otros.

Recintos, pueblos y ciudades en los que se asentúan el abandono y la corrupción del estado para con su pueblo. Un ejemplo: un puente a medio construir en medio de un barrio, abandonado al lado de otro que es el usado por todos los que pasan por ahí. De seguro, fue obra de otro gobierno, pero no fue nunca terminado por los que le sucedieron.

Pasando Nobol, Palestina, Las Animas y Balzar llegamos a nuestro destino: una hermosa hacienda sobre la séptima curva saliendo del último pueblo, llena de maíz y cerdos, en donde nos esperaba gente buena, violenta como todos enla región pero honesta y directa, de vida simple y bulliciosa pero no por eso menos dura que la de cualquiera de estas latitudes.

Ahí la pasamos bien, comimos sano y abundante, descansamos con aire más dulce que el de la gran ciudad. Un buen día que te hace pensar en una segunda opción, que implica dejar todo atrás y trabajar la tierra, hacerla brotar con alegría de todo lo que te pueda dar y devolverle en agradecimiento tu cuidado.

Pero eso fue ayer, hoy estoy sentado aquí escribiendo de nuevo.


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