WR276

por Ernesto W. Monserratte.

Los años

Treinta y tres minutos después de que el niño había salido por la puerta, él seguía tirado en el piso mirando hacia el reloj en la pared. Sentía que lentamente se quedaba dormido y que nada podía hacer para mantenerse despierto. Había sin duda perdido la agilidad de hace unos años, en los que sin dificultad hubiera podido con un gandúl como el que lo había dejado en el estado en el que estaba.

Los párpados se le cerraban y de la cocina le parecía que emanaba el amado olor de las galletas de jenjibre de su tía. Abrió los ojos con terror cuando recordó que ella había fallecido hace 24 años y ese aroma venía del fondo de su mente que empezaba a fallar.

Trató de incorporarse pero el dolor, que le empezaba en las rodillas y le reventaba en la base del cráneo, le hizo abandonar la empresa. Unas lágrimas y un gemido de impotencia fue lo único que pudo tener como consuelo.

Cincuenta y seis minutos habían pasado desde que se había cerrado la puerta. El sueño ganó finalmente, mientras sus genitales sangrantes seguían expuestos sobre la alfombra.


Clasificado bajo Mini-cuentos

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