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Opiniones

El derecho a opinar de estos años que nos han tocado vivir es un regalo maravilloso. Te levantas, das dos pasos, te topas con alguna irreflexión y maldices un poco la existencia de la opinión libre. Pero luego recuerdas que este privilegio es de todos y que te es permitido usarlo bajo tus propios principios.

El orgullo y la satisfacción que sentimos por los atletas (no sólo uno de ellos) que representaron a su país en las Olimpiadas que están terminando en estos días son válidos más allá de la cobertura oportunista que los medios de información les dan.

Son sentimientos, quizás absurdos o inmaduros, que te dan esperanza por la gente que habita en este suelo. Personas que sabes honestos y luchadores, y que no se dejan vencer por las limitaciones que el propio país le pone. Porque estos no son los que juegan en clubes de fútbol, tienen autos último modelo, disfrutan de buenos departamentos y hoteles, y gozan de una idolatría muchas veces mal retribuida. Estos son los que madrugan y que mal desayunados madrugan para ir a entrenar, que viven en pequeñas casas suburbanas o en países distantes, y que deben valerse mucho de su esfuerzo propio antes que del apoyo de las instituciones o la colectividad.

Son los que con sus acciones nos dan un ejemplo de como podemos con nuestro propio esfuerzo salir adelante y alcanzar nuestras metas, sin ninguna ayuda paternalista o dadivosa. Son los que con sus pequeñas victorias personales nos hacen avanzar y creer en nuestra nacionalidad, y le dan a esos que vienen detrás el impulso y la convicción necesarios para cambiar las cosas.

Por esto son para mí héroes, varones ilustres, famosos por sus logros y por llevar el orgullo de haber nacido y crecido aquí más allá de las fronteras geográficas, superando las fronteras impuestas por esta imperfecta sociedad ecuatoriana.

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