El Gran Dilema
El juicio político al presidente parece ser casi un hecho. En la soledad en que de a poco se fue colocando es muy difícil sobrevivir, sobre todo en este país.
Si los votos se consiguen, si los movimientos de muñeca y de cintura son los apropiados, de nada valdra que la defensa del coronel sea magistral y pruebe que los cargos que se le imputan no tienen sólidas bases. Tendremos que vernos nuévamente en la penosa tarea de cambiar de presidente.
Aunque suene muy poco creíble el pesar por el hecho de cambiar al coronel por alguien más, pues es bastante real. En las dos veces anteriores terminamos igual o peor con el remedio que con la enfermedad. Los sucesores terminaron en la cárcel o el exilio, y el país cojeando más que antes.
Si bien el descontento es popular, es la misma clase política que cambió a los otros dos los que pretenden cambiar al actual, son sus mismos intereses y el mismo mensaje: ustedes, los que votan, se volvieron a equivocar, así que pondremos al que nos viene mejor.
El que crea que este proceso en realidad va a funcionar, que levante la mano.
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