Constitución, versión ecuatoriana
La película que estamos viendo los ecuatorianos no es nueva. Movilizaciones en las calles de peones mandados por los mismos podridos generales, declaraciones y peticiones de una vuelta al mal llamado orden que sólo buscan salvar el bache y no plantear soluciones a largo plazo, maniobras extrañas que buscan beneficios rápidos antes de que todo se vaya al diablo.
La Constitución, esa pobre señora abusada por la mayoría de los que se han señido la banda de presidente desde que volvimos al sistema democrático, ya no da para más. Cuando la inmoralidad y la corrupción son solapados por el poder político, se rompe la constitución, y la democracia deja de serlo para pasar a ser un dictadura pura y llana. Lo de ahora es la versión última, el upgrade en la forma, pero en el fondo es el mismo viejo andar de los grupos poderosos que quieren mantener la burbuja de los suyos inflada.
Salidas no hay muchas al momento, no hay muchos caminos que se puedan recorrer pues están atestados de los mismos que esperan retomar lo que creen de ellos y sacar la camioneta del garaje. No cabe una consulta popular que pregunte a un pueblo hambriento temas demasiado complejos para ser tratados en una pregunta que parezca trabalenguas, no cabe una acción de derrocamiento del dictador de turno pues luego de eso lo más seguro es que todo quede igual.
La única luz al final del tunel es una tregua en verdad comprometida por el futuro de la mayoría de este país, que les ponga uno más claro, que no le dé alegría sólo a los pocos de siempre. Una tregua verdaderamente democrática y constructora, una idelista quizás, pero una que cambie verdaderamente a este país al final. Pero la luz es difusa, por todo lo mismo antes descrito. Entonces, ¿hay salidas?
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