Nuevas legislaciones
En estos tiempos en que la caza de asesinos y criminales se ha llevado a un plano global, y debido a la mobilidad y muchas veces lo incognoscible de los al-Zarqawi y los Bin Landen, cabe replantearse acuerdos de cooperación judicial y policial entre las naciones del mundo. No como justificación para las atrocidades de Abu Ghraib o Guantánamo, sino más bien para evitarlas. Las ONU ha demostrado algunas veces su incapacidad de acción frente a la fuerza de naciones armadas, y sus nobles preceptos quedan de lado ante la sed de venganza de muchos. Una organización que combine la fuerza de la ley con la del orden de manera más efectiva, y que revise y actualice viejos tratados que han quedado caducos por la naturaleza de los crímenes y la habilidad de escape de sus autores. Una mano más dura pero controlada para alcanzar a quienes atentan contra el bienestar y la seguridad de los ciudadanos del mundo.
Con herramientas de ese tipo ya no podrán haber excusas o torpes entredichos. Y sí, los crímenales que han actuado en el país no son para nada similares a los de terror ejercido por otros, pero el daño que han causado todos, en su respectivo contexto, han sido nefastos para los países a los que han afectado.
Quizás con una organización internacional de férrea voluntad habrá justicia para las víctimas.
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