WR276

por Ernesto W. Monserratte.

Pisa y corre

Hoy, justo en la entrada del edificio en donde está la oficina en la que trabajo, fui testigo de una cadena de hechos lastimósamente común en nuestras calles:

  • Un peatón tiene que cruzar una avenida de 10 carriles carente de ayudas para los que no van en automóvil. Lo hace calculando los tiempos entre los semáforos de la intersección de esta vía con otra que termina en ella perpendicularmente. La experiencia es ver a la persona a pie como la ranita de Frogger.
  • Un conductor de un bus público trata de apresurar su recorrido rebasando a otro colega que de manera intempestiva detiene el vehículo que conduce para dejar que un pasajero se baje. El primero acelera y se pasa al inmediato carril izquierdo sin considerar a quien venga detrás o delante de él.
  • El peatón no logra correr lo sufientemente deprisa como para alcanzar la acera de destino antes de se impactado por el bus que recién se cambiaba de carril. Afortunadamente este último sólo lo golpea en la pierna derecha. El golpe es lo suficientemente fuerte como para que el peatón apenas logre arrastrase un par de metros y se recueste en la acera por el dolor. Los que estuvimos cerca lo logramos cargar hasta un bordillo para que se siente y trate de recuperarse del impacto.
  • El conductor implicado en el atropello detiene su vehículo unos siete metros más adelante, desciende del mismo y corre de manera desesperada alejándose del lugar. El bus con sus pasajeros a bordo queda abandonado. A los pocos minutos estos empiezan a bajarse tomando el valor de su pasaje de la caja de cobro. Lo que sobró del dinero recaudado fue aprovechado luego por un avispado que estuvo siempre atento.

Hasta ahí lo que vale la pena contar para explicar la opinión siguiente. Es común la costumbre de no aceptar la responsabilidad de nuestros errores, y como sociedad, eso nos daña a todos.

Las causas pueden ser muy válidas: las leyes de tránsito imponen responsabilidades sin analizar culpas y los procesos judiciales están tan corruptos que el dinero se impone a la justicia. Pero la manera de cambiar esto no está en correr, esconderse y culpar a cualquiera de los errores propios. Hay que trabajar para realizar profundos cambios, pero hay que hacerlo de manera responsable y valiente.

Quizás es muy fácil decir esto no estando presionado por una situación similar, pero el pararse a pensar en el daño que nos causa a todos la impunidad de muchos que son protegidos por grupos de poder es parte del cambio que algunos queremos para este país.


Clasificado bajo ciudad, país

3 Comments

  1. Impunidad impunidad: Obviamente el desgraciado chofer salio corriendo porque se sabe protegido. No me vengan con que penso en su familia y que no tiene plata para correr con los gastos. Es cuestion de simple humanidad. Irresponsable.

    Obvio, por eso los choferes apoyan al Lucio Gutierrez para que un chofer este en el Consejo Nacional de Transito y organismos similares. Y peor, el señor Zambrano paso de ser dirigente transportista, a concejal socialcristiano (que raro no?). Los choferes saben que estan amarrados por cualquier lado.

    Y para nosotros, los usuarios, NADA.

    (Comentario al margen, totalmente fuera de lugar, y con la sangre chorreando por las comisuras de mi boca: ¿TIENES FOTOS DEL ATROPELLAMIENTO?)

  2. Drago, Q sádico!
    Q desgraciados esos imbéciles! es q una vez más lo diré: SON ANIMALES! BESTIAS REBUZNANTES!! MAL NACIDOS!!! EGOISTAS!!!!

  3. A “los profesionales del volante” deberian aplicarsele penas muy estrictas, ya que para ellos es costumbre eso de causar daño y correr.

    Tengo una pregunta ¿Nadie intento agarrar a ese hijo de puta (disculpen las señoras prostitutas por darles a esos animales como hijos)? ¿Por qué siempre es “el chofer huyó” y no “se logro detener al chofer”?

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