¿Vale la pena paralizar al país?
La situación del país es insostenible. La ilegalidad campea desnuda por todos los rincones de la patria, dejando sus muertos desperdigados para vergüenza de los que creemos aún en la democracia. El coronel y sus dementes aliados hacen y deshacen. La oposición alza su voz con tal afonía que los que manipulan cortes y tribunales minimizan cada murmullo de esta con nuevos golpes. Decir basta es lo común entre los que sufrimos ver la función de este circo.
La solución propuesta ahora por los presidenciables va por el lado de presionar hasta que el gobierno caiga, de preferencia con un empujoncito de algunos uniformados. El “cómo” incluye la supensión de actividades comerciales y productivas, y el inicio de la desobediencia civil y fiscal. Ambos procesos de manera indefinida hasta que el cambio se de y las cabezas rueden - o huyan a Panamá.
Sería hipócrita al decir que no quiero que este período presidencial termine por las buenas o por las malas. Pero lo que me pone a pensar para no darles mi apoyo a los promotores de este movimiento es algo que nadie ha dicho hasta ahora de manera clara: ¿Y después, qué?
La idea es cambiar al electo, pero no hay ideas ciertas de qué pasará luego. ¿Queremos a Palacio con la banda presidencial? ¿Ocurrirá lo que pasó con el loco y tendremos dos sucesiones en menos de un día? ¿El modelo político, económico y jurídico variará de alguna forma? ¿El TLC se discutirá abiertamente antes de firmarse? ¿Los temas importantes del Ecuador se pondrán sobre la mesa, dejando bajo el mantel los intereses de la partidocracia nacional? ¿Esta mierda serguirá igual?
No apoyo el parar de trabajar por motivos tan limitados, en donde más clara es la intensión de repartir bien los votos para el 2006, que las ganas de re-fundar el país. No apoyo esta manera de cambiar el estado actual de cosas si nadie habla de un mejor futuro, y se cnforma con querer pintar distinto el presente.
¿Otro golpe de estado sin revolución? No gracias, yo paso.
Clasificado bajo país
No pudiste haberlo dicho mejor, amigo. Concuerdo plenamente contigo.