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Mi egoísmo e inmadurez de niño me decían que no estaba aquí,
pero los recuerdos traicionan.
Absoluta y presente,
en cada paso, en cada caída.
Alta y diminuta
la mano sobre mi pecho en la noche.
Perfecta e insoportable,
tanto que me avergüenzo de lo que soy por ser parte de ella.
Perdón, que sigo creciendo…
Perdón, igual la amo…
Original del 1 de abril de 1998
Clasificado bajo Rescatados