La realidad te golpea siempre
Hoy me levante doblemente decaído, bajoneado. La primera razón es personal, y de ella quizás hable posteriormente. La segunda tiene que ver con la serie de acontecimientos que se han venido dando durante los últimos días, y sobre estos trata la presente nota.
Mientras venía al trabajo hoy, esperando a que cambie una luz roja, se pegó a la ventana del automóvil una niña de no más de 4 años (quizás de más, pero con la desnutrición uno no puede calcular bien.) No dijo nada, sólo me miró, lo que esperaba de mí estaba implícito. Pero esta vez, antes de recurrir al monedero, traté de meterme en la negrura de sus ojos. Me dió miedo lo vacíos e inexpresivos que se encontraban y como eran un reflejo de lo que siento en estos momentos al ser parte de este país.
El momento fue precioso y dejamos que nos lo quitaran.
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