El trágico y la pared
Desde que recuerdo que empecé a intentar escribir lo que pasaba por el relajo que es mi cerebro, siempre me he visto inspirado por la tragedia, la parte más negra de una sombra, el sabor en ayunas de una toronja refrigerada, el dolor que causan las agujas enterradas bajo las uñas, el amor visto desde fuera de la ventana. Si revisan los archivos de esta bitácora, pueden entender mejor de lo que hablo.
Pues bien, hoy que empiezan treinta nuevos días, me veo sentado en silencio absoluto frente a una pared blanca, sin dibujar, sin otro color que este que casi me enceguese. La veo y me entran ganas de no pintarla con mis acostumbrados matices, no rojos y negros, no púrpuras y naranjas. De hecho, pienso en sólo resaltar su blancura, quizás en dejarla como está, o talvés estamparle un par de cartuchos en una esquina. No, no, mejor es dejarla así, tal cual, sin manchas.
Sí, eso haré. Manos a la obra que hay harto trabajo por hacer.
Clasificado bajo el roto
Las paredes se pintan solas con el tiempo, la vida es de colores