El que no olvida - o caprichos feudales en las intituciones
Alguien siempre me dice que lo culpo de todo lo malo que le pasa al país. Quizás tenga que buscar más orígenes a los muchos males que aquejan a la nación, pero siento que en muchas de mis suposiciones no me alejo de la verdad.
Lo de ayer fue otro claro ejemplo. De los tres que regresaron con la Pichi Corte, sólo uno se quedó para afrontar los cargos imputados, pues en abril junto con el conejo, desaparecieron el loco que ama y el de los gastos reservados. Ahí la policía no actuó con la misma determinación. Uno de ellos, conociendo toda la ciudad de que estaba en su casa en la Kennedy, sólo fue visitado por unos cuantos policías a los que no se les permitió el acceso. Era la casa de el man, eso se respeta, o mejor dicho, se consulta como se procede.
Acá sin embargo, se arma un operativo hasta con un helicóptero - hay que reconocerles su humanitarismo en que pararon comprar unas agüitas. ¿Era necesaria tanta humillación para un ex-presidente que siempre dijo en donde estaba y a dónde iba a ir? ¿El vejamen lo hace a él más feliz? ¿Así actúan los perros rabiosos?
Ni cojudo, Noboa lo culpa a él de todo con mucha razón. Y entre líneas uno se da cuenta de que cuando entras en su lista de pendientes, nunca se permitirá olvidarse de que le debes algo, aunque no lo hagas pero él así lo crea. Debe ser hermoso vivir así.
Lo triste es que hay quienes se alimentan de esta leche, lo admiran y lo toman como ejemplo a seguir. Lo peligroso está en que estos de seguro lo sobrevivirán, nublando el poco futuro claro que hay para tus hijos. Lo duro será siempre la lucha, esa que ya nos toca vivirla a nosotros.
Deja de engañarte, la autoestima se gana con trabajo propio, no con cemento al borde de un río.
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