Malas decisiones
Sólo veo negro debajo y con cada segundo la celeste cúpula va perdiendo su luz. Burbujas, agitación y humedad. No debí lanzarme sin saber nadar, debí aprender a caminar antes de jugar a ser adulto. Mucho menos debí arrastrar con mis cadenas de ilusión a inocentes (aunque la inocencia sea sólo una mala palabra) que conmigo se unden en esta infinita negrura.
Algunos podrán romper las ataduras, otros no sabrán como, siempre estará la persona que me ayude a seguir bajando. Esto pasa por mi mente mientras siento mis pulmones vaciarse, mi corazón despotricarse y la razón desesperarse al entender el hecho de que querer subir a respirar es imposible.
Si tan sólo hubiera escuchado tus palabras antes, si hubiera caminado por el centro de la ruta en vez de equilibrarme en la baranda paralela al acantilado. Ahora todo es un quizás, ya es tarde.
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