Que la lluvia te rodee
Caminaba entre las gotas de lluvia, sin tocarlas, desde la puerta de la estación de servicio hasta la manija del auto. Los cigarrillos en un bolsillo de la cazadora marrón y las monedas del cambio en el otro. Sin prisas subí al auto, la luz azul del anuncio de bienvenida no se reflejaba en sus ojos. Encendí un faso esperando alguna reacción, de cualquier tipo, aunque sea de enojo o de decepción. Nada.
Cambié de emisora en la radio, las canciones de los autores mexicanos de hoy no las paso ni con tequila. Joni Mitchell apareció y nubló más el interior del vehículo. Con cada inhalada aumentaba la angustia, cada exhalación hacía que el asiento se me hiciera más grande. Al fin una frase salió de su boca:
— ¿Hay algo que pueda hacer por ti, para que no duela tanto?
En los pies siempre he sentido el miedo: los zapatos eran dos congeladores y la garganta un vaso dejado al sol. Sus ojos se volvían más y más vacíos, tanto que parecían tragarme. Desde los parlantes sólo alcancé a oír I really dont know love at all a medida que se acercaba más a y acariciaba mi mano con compasión. Era el fin, la útima vez que sentiría la nicotina en mis pulmones, que vibraría con el jazz, que me estremecería con un aguacero, que sería lo poco que creía ser.
— Es hora. — dijo — Nos esperan.
Debí sospechar eso cuando forré los asientos con plástico o cuando compré el revolver. Fui tan ingenuo.
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Vamos a tener segunda parte de la historia??
Está bacansisimo…
Gracias, pero la historia terminó ahí. Lo que si prometo son algunas similares.
Qué? Será más cargado el porro?