Mis cuatro arrepentimientos
Anoche, mientras el whisky se iba terminando y una canción Leslie Feist sonaba en el reproductor de CD que nos acompañaba, uno de los presentes lanzó un pregunta que me matuvo pensando una tiempo: ¿De qué verdaderamente te arrepientes hasta ahora?
Obviamente era una pregunta abierta, pero por alguna razón se centró en el martirio eterno, en el sueño dulce de sus encantos, en la ambrosía de los labios, piernas, manos y sexos. El tema se estrecho a las mujeres en la vida de los cuatro presentes en esa neblina con olor a tabaco y malta.
De las confesiones hermanas no puedo hablar, sus abatimientos compartidos quedarán entre nosotros solamente. De los míos en cambio sí tengo anuencia propia, y en esta mi tribuna me puedo poner de pie a declarar sobre los mismos.
Ahora, entendiéndanme bien a que nos referíamos la pasada noche con esto de los arrepentimientos. Son esas acciones que en un tiempo y un espacio determinado encausaron nuestras vidas en direcciones indeseadas, y que nos han dejado un sabor amargo que en mayor o menor grado aún sigue presente en nuestras venas. Son esos pasos que hemos dado y nos han hecho pagar el camino con sobreprecio. Yo conté cuatro de estos, y en orden de menor a mayor importancia los explico a continuación.
El primero tuvo que ver con mi falta de experiencia cuando era adolescente, miedo escénico lo llamo yo ahora. El terror que le tenía a un par de hipnotizantes ojos azules que nunca le dejaron soltar la lengua a mi corazón. Alguien más desenvuelto llegó y listo, el primer paso mal no dado. Un paso al costado que siempre se ha mantenido en silencio, en puntillas. Luego vinieron cosas mejores y mucho más interesantes, por eso a ese no lo siento tanto, pero fue el primer arrepentimiento y queda registrado como tal.
Caminando ya unos cuantos años más tropecé con el brillo del oro falso, y este en realidad lo menciono por la pica de macho ecuatoriano que me dejó. De ahí no mucho, sólo eso. Un tropiezo antes que un paso. El arrepentimiento quedó por no mover las piezas en el momento adecuado y dejarme enceguecer un tiempo tonto. Me arrepentimiento de ese tiempo perdido.
El tercero y este ya con mayor importancia tuvo ocasión una noche en un mall en que me mentí a mí mismo creyendo que el saber perdonar era algo que estaba en mí. Herí y odié mucho debido a esa falsa ilusión de creerme tan noble y de que mi memoria no era indeleble. Este paso daño mi andar, me hizo cojear y tropezar más de una vez. Era un camino dañado y paralelo al de otra persona que tampoco merecía la misma sinuosidad. Perdón una vez más.
Pero el último arrepentemiento, el de esa noche del pasado noviembre en que no pude sostener el corazón en las manos y lo dejé que se me resbalara entre absurdos cargos de mi inconsciencia, ese es el que me estará acompañando por mucho tiempo. Cuando mi camino había salido ya de los baches e interrupciones por derrumbes, cuando era una línea recta hacia el este, despejada y llena de luz, dinamité esúpidamente la vía y me lancé de espaldas creyendo que la caída no dolería tanto. Iluso infeliz que jugaste con cartas en contra.
Ya de regreso a casa y cerrando el capítulo de los arrepentimientos, concluímos lo obvio: Los pasos no son los que te hacen arrepentirte, son las consecuencias las que duelen.
Clasificado bajo Días negros
A vuelo de pájaro… y más porque los tengo muy presentes.
Mis arrepentimientos en sí son tres. De uno de ellos se desatan unas cuantas decisiones más… pero eso bueno es otra cosa.
Dos de los tres más importantes tienen que ver con eso que llamamos amor. Uno de ellos (el que desencadena otras malas decisiones) tiene que ver con la rebeldía de los años de juventud.
Pero son solo eso. Arrepentimientos. Dolerán? Es posible. Pero si no hubiesen ocurrido es posible que nuestra vida hubiese perdido un poco el sentido que tiene ahora, cuando valoramos más las cosas, cuando nos detenemos en los eventos, cuando escuchamos detrás de las palabras, cuando pensamos nuestras deciciones concienzudamente.
Saludos Rotito.
Arrepentimientos?
Los únicos arrepentimientos q tengo, son en los que he causado mal, pero aparte de eso, no me arrepiento de nada.
Lo sufrido, lo querido, lo vivido, todo; todo forma parte de mi vida y de mi pasado, y no me arrepiento de nada de eso. Todos esos acontecimientos me hicieron lo que soy; me hicieron encontrar el equilibrio entre lo desconfiada e ingenua q soy; lo perversa y lo buena, lo chistosa y lo idiota, lo cautelosa y lo imprudente, lo educada y lo insolente, lo desquiciada y lo cuerda; en fin, todo lo vivido me hizo humana, y soy humana para poder sentir la vida en cada una de las capas de mi piel, mis poros y mis órganos, en mi alma y en mi conciencia, en mi mente y en mi pecho; justo ahora cuando nunca estuve tan viva, y alimento de mi vida a alguien más.
No te arrepientas de nada, sólo utilízalo para encontrar tu equilibrio.