WR276

por Ernesto W. Monserratte.

La lista

La silla casi apoyada a la puerta del horno. Las temperaturas elevadísimas que desde dentro llegaban parecían querer acabar con él, sudarlo hasta que sólo fuese un charco. Pero eran sólo intentos, no dejaría que sucediera eso antes de marcar todos los puntos de la lista que tenía escrita en su vieja Moleskine. Ya había marcado tres ítems de los siete. El primero sin duda había sido el más difícil, pero ya hecho, el resto era pan comido.

Vio hacia dentro y notó que la plata ya parecía estar en un estado líquido. Con cuidado retiró el contenedor de las brazas y lo llevó a la mesa de trabajo. El color del metal era extraño sin duda, pero era de esperarse. Cuando estaba vaciando en el molde de las balas esa sustancia burbujeante e hirviente, el dolor constante que provenía de la cicatriz en el medio del pecho se intensificó en gran medida. Tuvo que sentarse mientras esperaba que se enfriaran las cabezas de los proyectiles para no desmayarse. Mientras marcaba con una línea roja otro ítem en la lista.

Armó luego los proyectiles. Pensó que tres serían suficientes. La presión que usó para poder bajar la palanca sobre los casquillos casi lo mata. Pero todavía faltaban ítems que marcar. Al terminar con este proceso marcó el quito, tomó estos nuevos amigos que estaba haciendo y los metió en el bolsillo de la ensangrentada camisa. Llevó consigo a la silla la Moleskine y el revolver. A este lo cargó con dos de las balas, supuso que al final tres eran demasiadas. Tachó el sexto ítem.

Luego vio por la ventana que empezaba a amanecer, todo el proceso le había tomado casi doce horas, los dos primeros puntos en la lista sobre todo. Ya estaba todo por terminar cuando se dio cuenta de un error en su plan: Al final de la lista había un enunciado que no podría ser marcado. No lo pensó mucho, tres segundos más tarde la Moleskine caía al piso con toda la lista tachada, menos con la línea que decía Tirar del gatillo deseándole suerte.


Clasificado bajo Días negros, Mini-cuentos

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