Sala de espera
— Lo del ascensor fue una verdadera estupidez — repetÃa insistentemente Vyacheslav taconeando sus zapatos en el piso de linóleo de la sala de espera.
— HabÃa que hacerse — susurró en respuesta Ramón al que poco le importaban las convenciones. Ya estaba encendiendo su segundo cigarrillo y usaba una botella de agua como cenicero.
— ¡Pero pudimos esperar! La gente lo notará en el próximo piso en donde pare y nos vendrá a buscar…
— ¿Y cómo sabrán que fuimos nosotros? ¿Cómo sabrán en que piso o en que oficina buscar? — lo interrumpió. Ramón perdÃa el control muy fácilmente y su voz ya dejaba de ser remisa.
— Pero igual fue una estupidez. — aseguró rápidamente Vyacheslav como adivinando lo que venÃa.
Enseguida Ramón apretó ambas manos a los brazos de la silla para ponerse de pie. El golpe caerÃa donde el impulso lo llevase y ya Vyacheslav se acurrucaba en su asiento a la espera del impacto. La mano derecha del que se encontraba entre los dos se posó en la rodilla de Ramón buscando tranquilizarlo. El dueño de esta mano podÃa ser a veces un muro que contenÃa la rabia desmedida de la que Ramón vivÃa. En voz muy baja le dijo a ambos:
— Ya está hecho, dejémoslo asÃ. — la señorita detrás del mostrador que sentada hablaba por teléfono ni siquiera lo miró, lo conocÃa desde hacÃa algunos años y sabÃa como era él.
— Pero es que dejamos muchos rastros esta vez — murmuró con algo de angustia Vyacheslav.
— SÃ, en verdad esta vez nos sacamos un diez — Ramón se frotaba las callosas manos y reÃa mientras estas palabras se le escapaban.
Los dos a su izquierda se quedaron atónitos ante lo dicho y sus ojos abiertos completamente estaban fijos en el rostro sonriente de Ramón Carranza que desafiante les respondió:
— ¿Qué? ¿No me van a decir que ustedes no lo disfrutaron? Ahà dentro no estaba sólo yo.
La culpa se dibujó en el rostro de ambos. En realidad les habÃa significado el éxtasis. Entonces la señorita detrás del mostrador le dijo luego de contestar a una llamada del teléfono:
— Señor Cesàro, el doctor lo espera. Puede pasar.
— Silencio ahora, de esto como las otras veces no hablaremos con él. — les advirtió y se puso de pie — Apúrense que nos espera.
- Publicado por WR276 a las 13:41
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