El puente
— ¡Vamos, por la puta, toma mi mano! — le gritaba desesperado su hermano descolgándose casi por la baranda.
— No — sólo susurraba sentado en el arnés que se habÃa hecho con cinta de empaque y soga de cabuya.
Se las habÃa ingeniado para atar a una junta de la base del puente este artefacto que lo mantenÃa suspendido sobre el fondo de un abismo de más de ciento cincuenta metros. Le tomó una hora para que alguien que venÃa subiendo por la carretera lo viera desde la curva precedente, otra más para que una patrulla de la policÃa nacional llegara al lugar, y una y media adicional para que su familia y un equipo de rescate aparecieran. Además de lo que vestÃa llevaba una navaja de acampar que habÃa afilado la noche anterior y una nota. Les advertÃa a todos, con el filo de acero presionado contra la cuerda, que no intentasen nada, que querÃa hablar con su hermano mayor.
Al instante que este llegó y se asomó por el borde, con la mano libre le pasó la nota. La desdobló y luego de leerla buscó en su bolsillo su celular. Maldita sea, no tenÃa señal. Corrió enseguida hacia el teniente que lo habÃa traÃdo en la patrulla que los fue a buscar a su casa y le explicó la situación.
El oficial dio unas cuantas instrucciones a la central más cercana. Ahora sólo tocaba esperar. El hermano trató de tranquilizar a los padres, trató de tranquilizarse a él mismo. Regresó hacia donde podÃa ver a Samuel, ese loco de mierda que amaba tanto.
— ¿Que pasó? — preguntó sin alejar la cuchilla de la cabuya y sosteniendo con la izquierda un tramo de esta última un poco más arriba.
— Están radiando tu mensaje. No hay señal acá. — la voz se le quebraba y las lágrimas se empezaban a dejar ver — Ñañito no lo hagas, no vale la pena…
— ¡¿Qué sabes vos de eso?! ¡A vos nunca te ha pasado, no sabes lo que es!
— SÃ me ha oc…
— ¡No lo sabes, chucha!
Diez minutos de rogarle no llegaban a lugar alguno. Entonces el teniente acercó su boca al oÃdo del hermano. Trató de fingir pero en su rostro se notó enseguida que lo escuchado era lo que menos se querÃa.
— ¿Qué dijo? — Samuel empezaba a cortar un poco, sólo para que hoja pueda hacer un corte más rápido y limpio.
Luego de un suspiro de lamento, sabiendo que mentirle era en vano, el hermano repondió:
— Ya ha aceptado. — cada sÃlaba cortaba un poco más la soga. Al final, sólo la fuerza de su brazo izquierdo lo sostenÃa al puente.
— Dile que me perdone por mis errores, pero que esta vez sà sea en serio.
El vuelo de espaldas fue relativamente corto, no sintió nada gracias a un par de rocas en el lugar preciso. Y de alguna manera, antes de escucharlo ya lo sabÃa.
- Publicado por WR276 a las 17:49
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El vuelo final es la mejor parte, cuando eres libre, cuando tienes el control de todo, auqneu sea el control de hacerte mierda.