14 años después
Los clavos martillados en la tabla de cedro ya no importan. No he intentado ya ni sacarlos, he clavado nuevos. Muchos con una fuerza tal que he llegado al otro lado del grueso madero, marcándolo en la superficie.
A diario se está volviendo en una superficie de acero, y ya estoy pensando en adquirir un segundo madero, pero este más grande. Uno que aguante la violencia, la furia, la sangre, los crímenes.
Sé que vendrán días peores, la madurez es un estado inalcansable. Ser bueno es tener miedo, ser libre es más santo.
Clasificado bajo El Roto