WR276

por Ernesto W. Monserratte.

Desgarres

1

Desperté agitado mientra mamá decía tranquilo. Venían y se iban imágenes del dolor, de la piel y los tejidos arrancados, del húmero desprendiéndose de su lugar mientras mis ojos lo reconocían por su brillante y amarillezca cabeza. Miré enseguida y el terror de ver puntadas en mi hombro, gruesas y negras, hizo que los sensores a mi derecha empezaran a salirse de sus límites. Mi brazo izquierdo tenía el color de un fiambre y la capacidad de moverlo parecía no existir.

Grité pero ningún sonido salió de mi boca. ¿Cómo pudiste?

2

Desperté con escalofríos pero sin fiebre. El ventilador apuntaba directo a mi cara y mi garganta se sentía como pasto seco. Me daba miedo llevar mi mano hasta ahí, no me atrevía pues todavía sentía la sensación de ausencia. Noté que el temblor de mi cuerpo era más por el frío que por otra cosa. Busqué en el lugar en el que debía estar la cobija pero no la encontré. Maldije a quien la hubiese movido, maldije mi miedo de constatar lo que sentía. Recorrí la casa entera buscando algo que me abrigue y no lo encontré, no lo quise.

Entré al baño y encendí la luz. Con el espejo de frente tuve el valor de tocar mi brazo, el de la cucaracha.


Clasificado bajo El encumbrado mundo de mi cabeza

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