Desde la vereda
Pasa lo samario, lo alegre y lo nuevo.
Pasa el tiempo, el sol y la lluvia.
Pasas tú mismo pensando que puedes moldear a tu antojo.
Es un desfile de piruetas torpes, de pasos inseguros;
una marcha de ejércitos de palabras que dejan fuera las cosas importantes.
Mientras, sentado en la vereda,
sigues comiendo tu helado de frambuesa.
Inercia.
Clasificado bajo El encumbrado mundo de mi cabeza