WR276

por Ernesto W. Monserratte.

Entre el SI y el NO estamos muchos

Y esto no va tanto por algún tipo de indecisión a la hora marcar la papeleta. Es por el hecho que en medio de esta lucha de poderes, seguimos abajo los ciudadanos de a pie. Esos que tenemos que hacer maravillas y pactos con demonios para llegar a cada quincena con el bolsillo sin muchos hoyos, estamos entre un conflicto en donde el viejo poder no quiere perder nada de lo ganado, y el nuevo trata de tomar todo lo que pueda antes de tener el primer resbalón electoral. Al final ambos poderes son lo mismo.

En esta semana de todos lados me han llegado razones por las cuales asistir al “plantón cívico” a favor del NO, o en contra del gobierno, o por ambas causas. Ninguna de estas razones me termina de convencer por completo. Son motivos que anteponen pasiones a ideas, buscan culpables a problemas que tienen más de dos años en el país, y lo que menos me mueve sin duda es que ninguna propone algo real, sólo se opone por oponerse. Ya por esto me llaman muchos – algunos de estos amigos cercanos – correísta, mal guayaquileño, comunista o fascista sin pensarlo dos veces, pero eso es tema de otro post.

Por otro lado, como la mayoría de los ecuatorianos, me veo asediado por la alegre campaña propagandística llena de amor, esperanza y promesa de cambio con la que el gobierno y su partido inundan todos los medios de comunicación existentes, y que trata de cubrir nuevamente lo poco que realmente se está haciendo por el país y lo mucho que otros pocos deben estar levantando. La esperanza se ha tornado en desilusión. Las viejas prácticas siguen vivas, sólo que ahora tienen otro maquillaje.

El referéndum que desde un principio debió basarse solamente en la aprobación de nueva constitución del Ecuador, ese documento que debiera ser el espíritu de lo que la sociedad ecuatoriana aspira para sí, se convirtió en la batalla final. Mientras, los que estamos en la mitad nos quedamos sin poder hacer mucho más que tratar de buscar soluciones a nuestros propios problemas.


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1 Comments

  1. Decirte que he leído la propuesta sería mentir y no vale la pena. Quiero tener el ejemplar que imprima el TSE y esa es la verdad, a esa única versión quiero acogerme puesto que es la única de la que nos podríamos fiar y decir que es la última.

    Sin argumentos concretos muchos abogan por el no o por el si; y de seguro no se tomarán la molestia de leer nada de nada antes de votar, mas bien, se cobijarán bajo la postura de sus más cercanos que “sepan más del asunto” y ya. Mi observación muy personal: A pesar de que sé (como muchos) cosas muy puntuales sobre el proyecto, a pesar de que hay acciones muy cuestionables sobre la actuación de la Asamblea, puedo decir en justicia que no todo es malo.

    Pero sinceramente casi estoy segura de que mi voto será nulo. Asqueada de ver cómo la Iglesia se ha involucrado, convencida de que Alianza País está plagada de pésimos elementos que simplemente se subieron al carro de la victoria en el momento preciso y, segura más que nada de que las mujeres somos y seremos ciudadanas de segunda categoría, me han desilusionado completamente.

    Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Nosotros somos el mejor ejemplo.

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